El debate sobre prohibir o no los celulares en las aulas reduce un problema pedagógico complejo a una pregunta binaria. Este artículo propone que la pregunta más potente no es qué hacemos con los dispositivos, sino qué tipo de experiencia educativa queremos construir frente a una cultura digital que ya organiza buena parte de la vida social.
Por qué prohibir los celulares no alcanza como única respuesta institucional y qué espacio pedagógico existe entre la permisividad y la prohibición absoluta.
- Por qué prohibir los celulares no alcanza como única respuesta institucional
- Qué dice el Informe GEM 2023 de UNESCO sobre tecnología y educación
- Qué espacio pedagógico existe entre la permisividad y la prohibición absoluta
- Qué implica concretamente educar en ciudadanía digital
- Por qué la escuela necesita una política institucional de cuidado, no solo un reglamento
Hablar de ciudadanía digital en la escuela es mucho más que hablar de pantallas, celulares o redes sociales. Es preguntarnos cómo acompañamos a niños, niñas y adolescentes en un mundo que ya habitan, con sus oportunidades, riesgos, formas de encuentro, conflictos y preguntas todavía abiertas.
La circulación de información, la exposición de la intimidad, la convivencia en entornos digitales, los algoritmos, la participación, el ciberhostigamiento, la difusión de imágenes íntimas no consentidas, los discursos de odio y la construcción de la identidad en redes no son fenómenos externos a la escuela. Atraviesan las aulas, los recreos, los grupos de WhatsApp, los vínculos entre pares y las conversaciones familiares. Por eso, la escuela no puede quedar al margen.
El debate: prohibir o permitir
En los últimos años, la regulación del uso de celulares en las aulas dejó de ser una discusión aislada de algunas instituciones para convertirse en un tema central de la agenda educativa en Argentina y en América Latina. El debate suele formularse en términos aparentemente simples: ¿prohibir o permitir? Sin embargo, la experiencia educativa muestra que la cuestión es más compleja. La pregunta no debería reducirse a si los dispositivos entran o no al aula, sino a qué condiciones pedagógicas, institucionales y comunitarias se construyen para que la cultura digital sea abordada desde una perspectiva de cuidado.
Los informes de UNESCO advierten que las tecnologías digitales pueden ampliar oportunidades educativas, pero también producir efectos problemáticos cuando su uso es excesivo, inapropiado o no está mediado por criterios pedagógicos. En particular, el Informe GEM 2023 señala que la tecnología debe estar al servicio de la educación y de la interacción humana, no sustituirla; también advierte que la mera presencia de dispositivos móviles puede generar distracciones en el aprendizaje.
Los límites de la prohibición
Ahora bien, prohibir ¿alcanza? La restricción puede ser necesaria en determinados momentos, edades o contextos, pero no puede constituirse en la única respuesta institucional. Cuando la escuela solo prohíbe, corre el riesgo de desplazar el problema fuera de su campo de intervención: los conflictos digitales continúan, pero sin mediación adulta, sin elaboración colectiva y sin construcción de criterios compartidos.
"Cuando la escuela solo prohíbe, corre el riesgo de desplazar el problema fuera de su campo de intervención: los conflictos digitales continúan, pero sin mediación adulta, sin elaboración colectiva y sin construcción de criterios compartidos."
— Karina VukusicEn este sentido, resultan significativos los aportes de Samantha Floreani, defensora de los derechos digitales, quien viene problematizando las respuestas exclusivamente prohibicionistas frente a los entornos digitales. Su mirada invita a advertir que muchas veces no falla solamente la implementación de una medida, sino la idea de pensar que una prohibición, por sí sola, puede resolver problemas culturales, vinculares y pedagógicos mucho más estructurales.
El espacio pedagógico intermedio
La escuela, entonces, tiene un desafío central: no naturalizar la exposición digital, pero tampoco responder únicamente desde el retiro, el castigo o la censura. Entre la permisividad ingenua y la prohibición absoluta existe un espacio pedagógico fundamental: el de la formación, la conversación, la corresponsabilidad y el cuidado.
"Entre la permisividad ingenua y la prohibición absoluta existe un espacio pedagógico fundamental: el de la formación, la conversación, la corresponsabilidad y el cuidado."
— Karina VukusicEducar en ciudadanía digital implica enseñar a leer críticamente la información, reconocer los efectos de la viralización, cuidar la privacidad propia y ajena, comprender que toda acción en línea tiene consecuencias, identificar situaciones de violencia digital y construir acuerdos de convivencia que involucren a estudiantes, docentes y familias.
No se trata de negar los riesgos. Se trata de abordarlos sin renunciar a la función educativa. Porque allí donde aparece una pantalla también aparece una práctica social; allí donde circula un mensaje, una imagen o un comentario, se ponen en juego formas de reconocimiento, poder, pertenencia, exclusión y responsabilidad.
Política institucional de cuidado
Por eso, la ciudadanía digital no puede reducirse a un reglamento sobre el uso del celular. Requiere una política institucional de cuidado. Una política que articule normas claras, presencia adulta, escucha, orientación pedagógica y participación comunitaria. Una política que no deje solos a los chicos y chicas frente a lógicas algorítmicas diseñadas para capturar su atención, pero que tampoco los excluya de la posibilidad de aprender a habitar críticamente el mundo digital.
"La ciudadanía digital no puede reducirse a un reglamento sobre el uso del celular. Requiere una política institucional de cuidado."
— Karina VukusicLa pregunta, entonces, no es solamente qué hacemos con los celulares en la escuela. La pregunta más profunda es qué tipo de experiencia educativa queremos construir frente a una cultura digital que ya organiza buena parte de la vida social.
¿Prohibir o acompañar? Tal vez la respuesta más potente no esté en elegir una opción contra la otra, sino en construir una escuela capaz de regular, cuidar y enseñar. Una escuela que asuma que la ciudadanía digital no se aprende en soledad, sino con otros: en la conversación, en el conflicto, en la reflexión y en la construcción colectiva de criterios para vivir juntos, también en lo digital.
Vukusic, K. (2026). Ciudadanía digital en la escuela: ¿prohibir o acompañar? [Artículo de opinión]. karinavukusic.com.ar