En abril de 2026, Argentina vivió una escalada sin precedentes de amenazas de tiroteos en escuelas. Este artículo propone una lectura que va más allá del castigo: ¿qué produce que una amenaza de muerte aparezca como forma de expresión entre adolescentes? Una respuesta pedagógica, ética y corresponsable.
Por qué la pregunta "¿quién es el culpable?" es insuficiente, y qué mirada pedagógica permite construir respuestas institucionales más efectivas.
- Cómo las subculturas digitales amplifican la violencia escolar
- Por qué la escuela no puede ser la única responsable de lo que ocurre en su interior
- Qué propone la normativa vigente frente a la lógica punitiva
- Cómo construir una corresponsabilidad real entre escuela y familia en entornos digitales
- Tres líneas de acción concretas para fortalecer la respuesta institucional
A mediados de abril de 2026, Argentina fue testigo de una escalada sin precedentes de amenazas de tiroteos en instituciones educativas. Lo que comenzó como un hecho trágico en Santa Fe derivó en una reacción en cadena impulsada, presuntamente, por redes sociales y subculturas que promueven la violencia escolar.
El punto de quiebre fue el 30 de marzo, cuando un adolescente de 16 años ingresó al patio de la Escuela N° 40 Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, y disparó al menos cinco veces con una escopeta, causando la muerte de un alumno de 13 años. Las investigaciones revelaron que el agresor integraba grupos virtuales de una subcultura llamada "True Crime Community" (TCC). Semanas después, la frase "Mañana tiroteo, no vengan" comenzó a aparecer en los baños de escuelas de todo el país, con una metodología idéntica que llevó a las autoridades a investigar su vinculación con un reto de TikTok.
La escuela ante un conflicto que excede sus paredes
Uno de los principales desafíos consiste en comprender que la escuela no produce en soledad los conflictos que allí se manifiestan. Muchas situaciones que irrumpen en la vida escolar se gestan en tramas sociales, familiares, comunitarias y digitales que exceden el espacio institucional.
"Las amenazas de tiroteo deben leerse como síntomas de una época: una época marcada por la hiperconectividad, la viralización de contenidos violentos, la búsqueda de impacto y la fragilidad de los lazos de cuidado."
— Karina VukusicEsto no implica relativizar la gravedad de los hechos. Toda amenaza debe ser tomada con seriedad, evaluada institucionalmente y comunicada a las autoridades correspondientes. Pero también exige evitar respuestas reduccionistas que deleguen toda la responsabilidad en la escuela o que solo reclamen sanciones ejemplificadoras sin revisar las condiciones pedagógicas, familiares y sociales que hacen posible la repetición de estos episodios.
La pregunta central no debería ser únicamente "¿qué castigo corresponde?", sino: ¿qué produjo que una amenaza de muerte aparezca como forma de expresión, de pertenencia, de provocación o de visibilidad entre adolescentes? Allí se abre una dimensión pedagógica insoslayable.
Convivencia escolar como política de cuidado
Muchas veces la demanda social inmediata frente a una amenaza escolar se orienta hacia respuestas rápidas, sancionatorias y ejemplificadoras. Sin embargo, las normativas vigentes en materia de convivencia escolar —como la Ley Nacional N.º 26.892— proponen una mirada que resulta, en cierto sentido, contracultural: no porque minimice la gravedad de los hechos, sino porque se distancia de una lógica puramente punitiva.
Esta perspectiva invita a intervenir desde el cuidado, la prevención, la escucha y la corresponsabilidad. Frente a la tentación de señalar culpables, viralizar nombres o reclamar castigos inmediatos, el enfoque normativo plantea la necesidad de comprender la complejidad de las situaciones, resguardar derechos, preservar evidencias, activar los canales institucionales correspondientes y producir respuestas pedagógicas.
"Actuar conforme a la normativa vigente puede resultar contracultural porque se opone a la velocidad de la indignación y a la lógica de la exposición pública. Allí donde las redes aceleran el miedo, la escuela debe sostener una posición ética, reflexiva y pedagógica."
— Karina VukusicEl enfoque que propone la ley de convivencia escolar no implica ausencia de consecuencias. Significa que la intervención educativa no puede reducirse al castigo. Supone construir condiciones para que la escuela pueda tramitar los conflictos, alojar la palabra, reparar daños, revisar vínculos y fortalecer acuerdos de convivencia.
En la provincia de Buenos Aires, la Comunicación Conjunta N.º 1/2023 actualizó la Guía de Orientación para la intervención en situaciones conflictivas y de vulneración de derechos en el escenario escolar, reafirmando la necesidad de intervenciones institucionales situadas, articuladas con inspectores, equipos de orientación, organismos de protección y otros actores del sistema.
La corresponsabilidad familia–escuela como condición de abordaje
El abordaje institucional de estos hechos requiere una perspectiva corresponsable. La corresponsabilidad no significa distribuir culpas, sino reconocer que ningún actor puede intervenir de manera eficaz en soledad. La escuela tiene obligaciones indelegables: cuidar, enseñar, registrar, comunicar, activar protocolos, preservar evidencias, convocar a las familias y articular con las autoridades del sistema educativo. Pero las familias también tienen un papel central en la supervisión de los consumos digitales, la escucha activa, el acompañamiento emocional y la transmisión de límites respecto de lo que se publica, se comparte o se naturaliza en redes.
En muchos casos, las amenazas no solo se producen en la escuela: se amplifican en grupos de WhatsApp, historias de Instagram, videos de TikTok, capturas de pantalla o cadenas entre estudiantes y familias. Allí aparece una dimensión contracultural de las intervenciones normativas: mientras la lógica digital tiende a viralizar, exponer y acelerar la circulación del miedo, la normativa educativa propone detener, resguardar, informar responsablemente y actuar institucionalmente.
"Medidas como no reenviar imágenes de amenazas, preservar capturas para las autoridades y sostener canales formales de comunicación pueden resultar contraculturales frente a la lógica de la inmediatez digital. Sin embargo, son indispensables para proteger derechos y reducir el pánico colectivo."
— Karina VukusicLas amenazas de tiroteo conmueven porque atacan una de las condiciones básicas de la experiencia escolar: la confianza. Sin confianza, enseñar y aprender se vuelve difícil. Pero la confianza no se reconstruye solo con controles; se reconstruye con presencia adulta, claridad institucional, escucha, normas compartidas y trabajo pedagógico sostenido.
El desafío
Es necesario seguir pensando en cómo construir espacios de diálogo a partir de la conflictividad social que irrumpe en el interior de las instituciones educativas. Para ello, resulta imprescindible fortalecer tres líneas de acción:
- 1 Intervenciones institucionales claras. Articuladas con supervisión, equipos de orientación, organismos de protección y autoridades competentes.
- 2 Trabajo pedagógico preventivo. Que incluya convivencia digital, resolución de conflictos, cuidado entre pares, discursos violentos, responsabilidad en redes y canales de pedido de ayuda.
- 3 Corresponsabilidad con las familias. No solo como destinatarias de comunicados, sino como adultas corresponsables en la construcción de criterios comunes de cuidado.
"Frente a la viralización del miedo, la escuela tiene el desafío de construir y sostener una respuesta ética, pedagógica y corresponsable. Porque en tiempos de inmediatez, cuidar implica presencia, detenerse, pensar con otros y construir comunidad allí donde la violencia intenta imponer distracción, ausencia y silencio."
— Karina VukusicVukusic, K. (2026). ¿Quién es el culpable? Amenazas de tiroteos en escuelas: una lectura pedagógica desde la corresponsabilidad. [Artículo de opinión].